Monóxido de carbono
Esta mañana, haciendo un esfuerzo casi sobrehumano, logré finalmente salir de la cama para tomar una ducha. Me desperté con gran dificultad, en parte, porque sabía que tenía que hacer unas vueltas en dos entidades públicas. Debía radicar un derecho de petición en el IDU y una queja ante la Superintendencia de Industria y Comercio por posible violación de las normas de protección al consumidor. Y la razón por cual tenía no tenía muchas ganas de ir, era porque temía encontrarme con filas interminables y empleados malgeniados en alguna de estas dos entidades. Sin embargo, me sorprendió el orden y la rapidez con la cual me atendieron. Incluso, la Superintendencia contaba con un distribuidor automático de turnos que se usaba eficientemente.
Así es que después de radicar los documentos, me dirigí hacia Transmilenio muy satisfecho del servicio que me habían prestado y con una sonrisa en mi cara. Escuchaba música en mi “Walkman”, hacía sol y no estaba de afán para mi siguiente compromiso. Era un día perfecto, así es que decidí caminar tranquilamente por la séptima para observar a la gente, a mi gente querida. Después de haber recorrido algunas cuadras por la séptima con 22 y no obstante mi estado de bienestar, empecé a sentir una cierta incomodidad al desplazarme por las calles capitalinas. No estaba seguro si era calor, frío o miedo a la inseguridad, simplemente mi estado de ánimo empezó a desmejorar. Observé a mi alrededor y no pude ver nada anormal o diferente al típico paisaje del centro de Bogotá. Había gente, buses, vitrinas, vendedores ambulantes, policías, edificios, oficinas, restaurantes y algunos mendigos. Pero éste conjunto de elementos, tenían algo en común y yo tenía que descubrir de qué se trataba, así es que decidí aumentar el volumen de mi MP3 y en ese instante fue que lo entendí todo.
Por un lado, los buses, aparte de producir un ruido ensordecedor al acelerar o frenar, emanaban cantidades industriales de monóxido de carbono. En cuanto a los almacenes, descubrí que muchos contaban con una particular estrategia de marketing. En la mayoría de locales, tenían parado en la entrada, a un joven de poderosos pulmones que con gritos desgarradores, promocionaba todo tipo de objetos. En los andenes, centenas de mercachifles invadían el espacio público anunciando cantidades infinitas de cuanta baratija coreana existía. Libros piratas, productos de limpieza, pilas, pomada milagrosa, gafas de sol y relojes, entre otros, figuraban dentro de la interminable mercancía de este mercado improvisado.
Por un momento, sentí tristeza al ver transformación que había sufrido nuestra Capital, en ésta ruidosa pocilga grisácea. Lo que en algún tiempo debió ser un magnífico paisaje sabanero, lleno de árboles y de silencio era ahora un barrio atiborrado de payasos con megáfonos que promocionan almuerzos “ejecutivos”. Una ciudad infestada de buses, busetas y taxis que se desplazaban salvajemente a lo largo de una calle llena de prostitutas cuarentonas, whiskerias de mala muerte, lechonerías y venta callejera de chicharrón. Lo que antes pudo haber sido un pacífico lago, rodeado de cientos de especies naturales, en donde el aroma a musgo era característico del lugar. Pero ahora, ese olor había sido cambiado por el tufo penetrante de una mezcla entre orines y fritangua.
Y justo cuando pensaba que esta escena apocalíptica no podía ser peor, cuando creía que la intensidad del ruido producido por estos dementes había alcanzado el límite superior, percibí una sombra en el cielo. Alcé mi mirada, con el fin de identificar el objeto extraño y ahí comprendí que el fondo estaba lejos. Teniendo semidestruida la membrana timpánica, sentía ahora como era violado mi oído medio, por el impulso acústico que producía aquella turbina de avión que volaba cerca de nuestras cabezas. Aturdido, me detuve un instante a respirar un poco más de éste aire envenvenado y poder tomar alientos para continuar con el safari en la jungla de concreto.
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No sun will shine in my day today
The high yellow moon won't come out to play
Darkness has covered my light
And has changed my day into night
Now where is this love to be found, won't someone tell me?
'Cause life, sweet life, must be somewhere to be found, yeah
Instead of a concrete jungle where the livin' is hardest
Concrete jungle, oh man, you've got to do your best, yeah.
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