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Wednesday, April 28, 2004

Lo que le falta a Colombia
http://www.revistanumero.com/7colombia.htm
Por William Ospina*

¿No tenemos entonces ninguna virtud? Yo creo que tenemos muchas. Pero la verdad es que sólo las advertiremos cuando reconozcamos nuestros defectos. Uno de ellos es la simulación. Es un defecto que nace del sentimiento de inferioridad. La señorita que viaja a Miami siente que por ser colombiana es naturalmente inferior a los norteamericanos. Así que al volver intentará mostrar que su viaje la ha transformado por el método abreviado en una extranjera, o ha aligerado su vergonzosa condición criolla. Simulará entonces pertenecer a esa tradición ilustre. Así, esa simulación, esa impostura, que parece arrogancia, es un acto de servilismo y de ridícula humildad. Es lo que pasa cuando los publicistas criollos hablan entre sí en inglés para deslumbrarse mutuamente, cuando los jóvenes tratan de impresionarse con las marcas de las prendas que usan. Toda autenticidad es considerada una penuria, porque se tiene un sentimiento profundo de indignidad y de pequeñez, entonces hay que afirmarse en las marcas, en las poses, en los símbolos. El joven que pase unos meses en Francia llegará visiblemente metódico, el que pase unos en Alemania llegará severamente sistemático, y ello en principio no evidencia capacidad de aprendizaje ni hospitalidad mental sino la misma antigua debilidad de carácter. Esa que hace que los comerciales de televisión estén llenos de gente de rasgos finos y ojos claros, porque los mestizos que manejan el país desde siempre siguen avergonzados de sus rostros, de su lenguaje, de su espíritu: sólo las fisonomías sacralizadas por una estética servil, sólo los gustos heredados por nuestra tradicional falta de originalidad, pueden ser expresados. Así seguimos jugando al juego de que somos exclusivamente una nación blanca, católica y liberal, aunque nuestras ciudades sean el ejemplo de mestizaje y de mulataje más notable del continente; aunque nuestra vida religiosa sea la más asombrosa combinación de espiritismo, santería, brujería, animismo e hipocresía que pueda encontrarse: aunque nuestra vida política se caracterice porque el presidente de la república es elegido por el diez por ciento de la población, exactamente el mismo porcentaje que vive directa o indirectamente del Estado.

* William Ospina (Padua, Tolima, 1954). Poeta, ensayista y traductor.
Lucas dijo:

8:17 Porque nada hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de ser conocido, y de salir a luz.
Tocará publicar sin tildes o sin la « ñ » o depronto para practicar en otro idioma. O quizá simplemente me dedique a copiar y pegar de otras páginas por el momento, pues por ahora solamente tengo acceso a un teclado « azerty ». Me da pereza escribir con código ASCII, pierdo mucho tiempo oprimiendo ALT+164 para escibir un simple “ñ”.

Sin embargo, no me gustan las páginas con errores de ortografía y por eso estoy ante un dilema. Precisamente, una de las razones por la cual he abierto este sitio, es porque quiero tener una base de datos de las publicaciones de Soledad Moliner, en el diario EL TIEMPO. He ahí uno de los factores de la contradicción.

Thursday, April 22, 2004

Abril 22 de 2004

Pida la palabra

Por Soledad Moliner.

· ¿Cuánto?

Mis compañeros de trabajo y yo nos preguntamos cómo se debe decir: “¿Cuánto cuesta tal cosa?”o “¿cuánto vale tal cosa?” Carolina S. Ferrer.

El valor es una tasación apreciativa y el costo o precio es una tasación económica. Un libro que me regale mi novio, por ejemplo, puede tener mucho valor para mí, aunque sea barato en el mercado. “¿Cuánto cuesta esto?”, es lo que se debería preguntar al inquirir por la suma que corresponde pagar por un objeto en un almacén. Como bien dice Serrat en una de sus canciones: “no hay que confundir valor y precio”... Es lo mismo

· ¿Cuál es la expresión correcta: espero volverte a ver, o espero volver a verte? Clemencia Avendaño C.

Ambas son correctas. Los enclíticos (verbo + pronombre) pueden trasladarse del verbo principal al subordinado. Pero sin exagerar, ¿óyeslo?

· Tocayos de fecha

Mi hijo y el hijo de una amiga nacieron el mismo día. Así como los que tienen el mismo nombre se llaman tocayos, ¿cómo podría denominarse a los que nacen el mismo día? Nosotros los llamamos contemporáneos. Víctor Ramírez, Bogotá.

El término que designa a las personas de la misma edad es “coetáneos”. La contemporaneidad es un concepto más amplio, que comprende a quienes comparten la misma época histórica. Por ejemplo, su amiga y su hijo. Pero no se me ocurre una palabra exacta que se refiera a la misma fecha. Quizá algún lector puede aportarnos un dato más preciso.

Breves y tacañas
* El presente de negociar es “yo negocio, tú negocias”, y no “yo negoceo, tú negoceas”. Viene de negocio, con i.
* Siempre, aunque Neruda a veces usara solo el de cierre, en buen español es preciso poner signos de interrogación al abrir y al terminar la pregunta. ¿Queda claro, Javier Galindo?
* Confidente es que se hace acreedor a la confianza; infidente es quien la traiciona.